—Enzo, que bueno verte, aunque lamento que sea en medio de tan malas noticias —
Enzo sentía los brazos de Bernard Myers sosteniéndolo en ese abrazo que sentía francamente hipócrita. Aquel hombre, igual que todos los demás que alguna vez se hicieron llamar amigos de su padre, le había dado la espalda en su peor momento.
—¿Mi madre? —
—Esta en su habitación, pediré que lleven tu equipaje a tu alcoba, pueden quedarse cuanto gusten —
Enzo no respondió lo que considero una falsa cortesía. El padre h