Aquella tarde llovía a cantaros y fuera del castillo se podía ver como los guardias reales corrían pare refugiarse de la repentina tormenta que se había desatado. Los sirvientes seguían en su misma rutina, y Adalet esperaba tener noticias de su primo que había salido sin avisar desde muy temprano esa mañana.
Recordaba aquellas tardes en que, junto a Bastián, compartían una taza de café caliente junto a alguna pieza de pan dulce o alguna tarta, aquellas que tanto les gustaban a ambos. Bastián ha