El cielo eternamente nublado de Inglaterra recibía a Bastián esa tarde. El gentío se apresuraba a bajar del barco, y todos parecían tener demasiada prisa por llegar a donde debían ante la inminente lluvia que amenazaba con caer en cualquier momento.
Las gotas comenzaban a caer, y Bastián Myers caminaba directamente hacia aquella limusina que ya lo estaba esperando. Dando un saludo cortes al chofer, el hombre entraba en el lujoso vehículo que lo llevaría hacia el castillo de Sussex donde Arthu