Un vidrio se había roto en medio de la noche en aquella casita de madera en medio de las praderas irlandesas. El sonido de los cristales rompiéndose, había alertado a los, hasta ese momento, durmientes inquilinos quienes alarmados se habían levantado para revisar lo que sea que hubiera pasado.
Un par de hombres desconocidos se habían colado dentro de la propiedad, buscando a la mujer de quien debían deshacerse; para ello les habían pagado una para nada despreciable cantidad de dólares, y movién