La decisión estaba tomada. Emi no se iba a quedar de brazos cruzados dejando que el destino lo manejara Scutaro o las mentiras del pueblo; iba a hablar con Gabriel, lo iba a confrontar cara a cara para mirarlo a través de su oscuridad y descubrir qué tanto de monstruo había en el hombre que amaba con locura.
Sin embargo, no sería esa noche.
No tenía las fuerzas físicas ni emocionales para soportar un choque de esa magnitud sin quebrarse, y para vencer en el terreno de los Scutaro, necesitaba u