Al bajar del ascensor en el estacionamiento subterráneo, el ambiente se sentía pesado, como la calma que precede a la tormenta. Gabriel llevaba a Emi de la mano, protegiéndola con su cuerpo, pero al doblar el pasillo hacia el auto de ella, la silueta de Dimitri los obligó a detenerse.
El ruso seguía apoyado contra el capó, con el rostro serio y la mirada fija en las manos entrelazadas de la pareja. Al verlos, Dimitri dejó caer la colilla del cigarrillo y la aplastó con la punta de su zapato.
—V