Emi se detuvo en seco en medio del despacho, alzando la mano para interrumpir a Nicanor antes de que intentara forzar los archivadores.
En su mente, las piezas del tablero se movieron con una rapidez asombrosa. Recordó con una nitidez escalofriante las palabras que Petra le había gritado a Gabriel la noche anterior en ese mismo pasillo: «Yo lo sé todo, tengo los números y las copias de los registros».
Petra no era una aliada, pero lo que sabía la hacía un instrumento perfecto.
Una sonrisa fría