Una sonrisa llena de ilusión iluminó el rostro cansado del médico. La idea de conocer por fin a Ramirito le daba más fuerzas para recuperarse que cualquier medicamento.
Gabriel miró la puerta de la habitación y luego volvió a fijar sus ojos en Emi, ansiosa.
—Emi, mi amor... sé que los doctores quieren que descanse, pero me siento perfectamente. ¿Crees que podemos traerlo? ¿O prefieres que esperemos a que me den la alta mañana para ir juntos a la casa y darle la sorpresa en su entorno?
Al día si