Esos días de recuperación terminaron de sanar el alma de Emi. Aprovechando el reposo y la luz suave de la casa, Lourdes llegó una tarde a la habitación cargando varios álbumes de fotos pesados, con portadas de terciopelo desgastadas por el tiempo.
Para Emi, abrir esos libros fue como abrir una ventana al pasado. Por primera vez en su vida, pudo ver los rostros de sus padres: la mirada noble y firme de don Ramiro, y la dulce sonrisa de su madre. Pasó los dedos sobre el papel fotográfico, detalla