Vestida con un traje sastre negro que entallaba su figura con una elegancia imponente, el cabello dorado casi blanco, peinado perfectamente dejando algunas ondas suaves y una postura que irradiaba un poder absoluto, Emi Vega entró a la sala de juntas. No Llevaba bastón, Pero si llevaba unas gafas de lujo. Sus ojos se podían ver sanos, limpios, brillantes y fijos, se clavaron directamente en la mesa, escaneando el lugar con una claridad perfecta.
Gabriel se puso de pie de un salto, tirando la