La habitación de la planta baja en la finca, estaba lista para Lourdes, conservaba el aroma a madera de cedro y sábanas limpias que Gabriel se había encargado de preparar personalmente. Con movimientos lentos y llenos de cuidado, Gabriel ayudó a la tía Lourdes a acomodarse en la cama, asegurándose de que las almohadas le brindaran el soporte necesario para su comodidad.
Emi estaba a su lado, sus manos moviéndose con destreza para alisar las mantas sobre las piernas de su tía. Una vez que Lourde