Del otro lado de la línea, la voz de Petra vibraba con una mezcla de rabia contenida y una vulnerabilidad que rara vez se permitía mostrar.
—Si, la estúpida firmó, pero no puedo más, Scutaro —dijo Petra, el roce del teléfono contra su oreja casi quemándole la piel—. Esa Emi, esa... ciega, se ha convertido en una piedra en mi zapato que no deja de molestar. No es solo su presencia, es lo que está provocando en Gabriel.
Scutaro guardó silencio, escuchando el ritmo acelerado de la respiración de su