Al abrir la puerta de la cocina, el tenue brillo de la luna que entraba por el ventanal reveló una escena que le detuvo el corazón. Eduardo estaba de pie sin camisa, excesivamente cerca de Emi. Ella, en su eterna penumbra debido a su ceguera, tenía las manos extendidas, tocando los brazos de Eduardo con una expresión de confusión que Gabriel, cegado por la rabia, interpretó como intimidad.
—¿Qué significa esto?—el grito de Gabriel hizo eco en las paredes de la cocina.
Emi dio un salto, su rostr