Iker
Flotaba en el vasto cielo oscuro, como si fuera de noche, pero sin luna y sin estrellas. El frío me arropaba el alma y el dolor era una constante en mí.
De repente, sentí que caía.
La velocidad era abrumadora, hasta que, en un instante, me vi en un campo y la claridad trajo formas a mi vista: árboles, montañas, una grama verde.
A lo lejos había un estanque, y estaba allí mi hermosa Adanna, con su cabello suelto y su ropa de guerrera; parecía estar descansando.
Observé mis manos y noté que