Adanna
Tenía la boca bien abierta y los ojos me ardían de la rabia. La impotencia me hizo apretar los puños y un escalofrío me recorrió por completo al darme cuenta de que, de hecho, Iker estaba hablando en serio; no era una broma pesada.
¿Era esto una escena de celos o qué?
No lo entendía.
—¿Por qué me reclamas? ¿Qué te importa a ti si yo tengo alguna relación con Drik o con cualquier otro hombre? Tú estás con Isa, ¿cierto? No seas ridículo, Iker —le dije, mordaz.
Hundí el tenedor en mi porció