Adanna
No iba a negar que ver su preocupación por mí, cómo recordaba detalles tan míos, la manera protectora con que me trataba y el estar allí con él me hacían transportarme al tiempo en que él era mío: cuando no había traición, cuando soñábamos con un futuro juntos.
Me sentí patética, pues todo fue una fantasía.
Parpadeé varias veces para no llorar y me aclaré la garganta cuando la mujer regresó con las órdenes. Ella me seguía mirando feo, como si yo estuviera cometiendo un pecado, como si yo