El silencio no se rompió.
Se fracturó.
Lila no recordaba haber bajado el arma, pero ya no apuntaba. Sus dedos temblaban, atrapados entre la lógica y lo imposible.
—Esto es un truco —dijo, aunque su voz no sonó convencida—. Una proyección. Algún tipo de manipulación…
Pero nadie respondió.
Porque Daniel Reiss estaba ahí.
Respirando.
Observando.
Adrian dio un paso atrás.
—No… tú estás muerto.
Daniel ladeó la cabeza, como si la frase le resultara curiosa.
—Eso depende —dijo con voz baja—. ¿Para qui