El disparo no hizo eco.
Se lo tragó la habitación.
Como si el sonido hubiera sido esperado… y aceptado.
—
El cuerpo de Elena se desplomó lentamente.
Sin resistencia.
Sin sorpresa.
Como si hubiera sabido exactamente cuándo iba a ocurrir.
—
Lila no bajó el arma.
No de inmediato.
Su respiración era irregular, sus ojos fijos en el cuerpo inmóvil frente a ella.
—No… —susurró—. No había otra forma…
—
Silencio.
—
Luego—
Un suspiro.
—
No de Lila.
—
Adrian.
—
Lila levantó la mirada de golpe.
—
Él estaba