La respiración no era suya.
Adrian lo supo de inmediato.
No coincidía con el ritmo de su pecho. Era más lenta. Más profunda. Como si algo detrás de él estuviera… probando el aire.
No se giró.
No podía.
Porque una parte de él entendía que verlo lo haría más real.
—
—No mires —susurró Elena.
Su voz era apenas un hilo, pero cortó el momento como un cuchillo.
—
Lila ya estaba en movimiento.
Giró.
Apuntó.
Disparó.
—
El sonido explotó en la habitación.
Una vez.
Dos.
Tres.
—
Nada.
—
No había nada detr