—¿De qué estás hablando? —el fuego y la rabia que parecía estarse apagando, volvió a encenderse aún más abrasador.
—Conan no me hagas...
—¡Habla! —habia cometido una imprudencia, no era el momento de usar esa carta, —¡¡Habla!! —la sacudió de los brazos.
—No tengo nada que decir… —dijo con suavidad, cubriéndose del feroz lobo que brotaba impetuoso.
— ¿Cómo te atreves a difamar a mi esposa?
La empujo, sin medir sus fuerza, la joven gitana no tenía cara para confrontarlo, no tenía nada que decir j