Dos meses después del nacimiento de los bebés, la vida había adoptado un nuevo ritmo para todos, lleno de desafíos y cambios constantes.
En un parque cercano, Wilson y Thomoe aprovechaban un momento de calma para charlar mientras observaban a los hijos de Wilson jugando.
—¿No has dormido bien? —preguntó Wilson, notando las ojeras bajo los ojos de Thomoe.
—No mucho, el niño casi no llora, pero no puedo dejar de mirarlo, es tan hermoso, lo amo —respondió Thomoe con una sonrisa cansada pero radian