Al amanecer del día siguiente, Tete y Wilson se prepararon para regresar a la ciudad. La nostalgia y el amor por sus hijos impulsaban a Tete a querer volver cuanto antes, y Wilson, siempre comprensivo, compartía su deseo de ver a los mellizos. La carretera parecía interminable, pero la promesa de abrazar a sus pequeños les daba fuerzas para continuar.
Cuando llegaron a la casa de Celeste y Thomoe, fueron recibidos con entusiasmo.
Celeste y Thomoe, los acogieron con abrazos cálidos y sonrisas am