La mañana siguiente llegó con una calma tensa, el sol apenas filtrándose por las cortinas entreabiertas mientras el mundo exterior despertaba ajeno a la turbulencia emocional de la noche anterior.
Tete miró a su alrededor, buscando a Wilson en la habitación iluminada por la suave luz matutina que se filtraba por las cortinas.
—¿Wilson?
Wilson no estaba en la cama. El corazón de Tete empezó a latir más rápido mientras se vestía rápidamente y salía al pasillo iluminado por el sol.
—¡Wilson! —llam