Eloísa se aclaró la garganta, le ardía cada palabra que salía de su boca y quería dejar el mensaje muy claro.
—Mi amiga está desaparecida —dijo de nuevo a la oficial de policía detrás del escritorio y ella pareció fastidiada con la muchacha.
—Ya le dije que se puede poner la denuncia apenas setenta y dos horas después de la desaparición de una persona —le repitió y Eloísa sintió que se le enrojeció la cara, y golpeó la mesa con la palma de la mano.
—¡Es estúpido! —gritó y las personas que estab