Minutos antes, Emma vio desde la ventana que daba al patio el momento en que Clara empujaba la silla de ruedas de Anastasia por el sendero de grava. Las dos avanzaban despacio, procurando no llamar la atención.
Aquello le resultó extraño. Entrecerró los ojos y las siguió con la mirada.
—María… —preguntó con fingida indiferencia mientras tomaba un paño de cocina—. ¿Sabe hacia dónde fueron la señorita Anastasia y Clara?
La cocinera levantó apenas la vista de la olla que removía.
—No tengo i