Amores prohibidos...
Jacobo condujo de regreso a la mansión con la vista fija en la carretera de tierra, aun así su mente seguía detenida en el momento en que Clara abrió la puerta de la hacienda Belmonte.
La expresión de decepción en su rostro no dejaba de perseguirlo.
Apretó con fuerza el volante.
—Debiste decirle algo… aunque fuera una sola palabra.
Soltó una risa amarga.
¿Decirle qué?
¿Qué no había ido únicamente por su coche y que sí deseaba verla?
No, no podía hacerlo. Eso solo complicaría más las cosa