Nueva York.
Días más tarde.
Owen a diario buscaba la forma de acercarse a Fiorella, pero lastimosamente su vida estaba llena de dolor, una enorme barrera impedía que ella pudiera dejar el pasado atrás.
Eran horas de la tarde, Owen se encontraba parado justo al lado de la puerta de la oficina de Fiorella, necesitaba de su ayuda y no tenía tiempo ni otra opción.
Se llenó de valor, y al mismo tiempo se preparó para recibir un rechazo más; levantó el brazo y dió unos cuantos golpes a la puerta, del otro lado Fiorella indicó que avanzara.
Owen abrió la puerta, con una leve sonrisa en su rostro ingresó, ella ya no se mostraba tan rígida ante el acercamiento de su jefe, todo si se trataba de temas relacionados a los laborales.
—Hola Fiorella —saludo Owen con aquella sonrisa en el rostro que decía que algo traía entre manos.
—Hola —respondió, mientras que él tomó asiento frente a ella— ¿En qué te puedo ayudar?
Owen frotó las manos, estaba nervioso, respiró profundo y se preparó para soltar