Días después.
Donato había cumplido con su palabra, había permanecido distante dándole tiempo a Fiorella para que pensara con calma su decisión.
Mientras tanto, ella se mostraba más distante de lo que había sido a lo largo de lo que llevaba de conocerse con Owen, ella no quería que él sufriera por su culpa, había sido su apoyo cuando más lo necesitaba.
Fiorella se encontraba sentada frente a la computadora, con la mirada perdida bebiendo de una taza con café, la puerta se abrió, ella giró la cabeza, fijó la mirada hacia la puerta y levemente arqueó una leve sonrisa en su rostro.
Owen ingresó, ajustó la puerta, fue directo a ella mientras la observaba fijamente; dobló su cuerpo y besó sus labios, sobre el escritorio colocó una caja, la cual estaba decorada con un listón rojo.
—Hola cariño, espero que tu día vaya bien —musitó Owen y una vez más besos sus labios.
—No me quejo, no podría ir peor —respondió Fiorella con sarcasmo.
—Por favor no pienses en las cosas malas que suceden, so