Narrado por Myra
Eryon está allí. Y su mirada no viene a buscarme… viene a reclamarme.
El viento le mueve el cabello oscuro y le marca la mandíbula con sombras. No parece un hombre esperando una cena. Parece un Alfa esperando una verdad.
—Ven —dice, sin alzar la voz.
Camino hasta él con el cuerpo tenso y la cabeza alta. La mesa está servida, pero no es la comida lo que pesa.
Es el silencio.
Eryon tira de una silla para mí.
Él sirve vino, pero no bebe.
Solo me observa, como si estuviera buscando una grieta en mi máscara.
—Lo que dijo Kaleb… de ser tu amante.
La frase cae en la mesa como una moneda helada.
Yo no parpadeo.
—Kaleb es un mentiroso —respondo, firme.
Eryon inclina el rostro, apenas.
—Yo no le creí.
Mi corazón se suelta un segundo… y luego vuelve a tensarse, porque el Alfa no termina ahí.
—Pero no necesito creerle a él —continúa, con calma peligrosa—. Necesito escucharte a ti.
Trago saliva. El lunar en mi espalda late como si tuviera su propio pulso, escondido bajo la tela