Cuando ella llegó a la mansión, vio a Orlando vestido y en el salón con el ordenador. Alessa caminó acercándose a él y se puso a su lado y el italiano le miró.
—¿Esta todo bien? — él asintió. —Te noto serio.
—Estoy bien. — respondió. —¿Dónde estabas? — ella mordió su labio.
—Necesito que me ayudes. — él dejó de prestar atención al ordenador y la miró. —Tengo un mechón de mi padre.
—¿Y...?— dijo sin entender.
—Quiero llevarlo a un laboratorio y ver si es mi padre. — él asintió.
—Dámelo, yo lo ll