Cuando llegaron a Sicilia, Orlando llevaba a su hija cogida de la mano.
Entraron en la casa, la niña estaba nerviosa y callada. Orlando la miraba aún no creía que su pequeña estaba viva, iría a por Alessa y se lo diría. Orlando las llevó al salón y la sentó en el sofá, Orlando se puso a su altura.
—Yo voy hablar con Alessa y ella será una mami para ti. — la acarició la mejilla.
El italiano subió las escaleras y cuando abrió la puerta, la pelirroja no estaba en la cama. Escuchó en agua del bañ