—¿Sabes quién soy? — preguntó el italiano. —Te refrescare la memoria, soy el marido de la mujer embarazada que mataste. — el hombre abrió sus ojos sorprendido.
—Yo solo estuve ahí, jamás la toqué. — respondió.
—¿Quién os pagó? — el hombre no contestó. —Estoy siendo demasiado bueno, contesta.
—Yo no le vi la cara, solo me dijeron que teníamos que matar a la mujer del monstruo. — Orlando mordió su labio de la ira.
—Pues te daré un noticia, buena para mí, mala para ti. — sonrió con malicia, su