Morgana
Los Guardianes avanzan, sus formas de sombra flotando a nuestro alrededor como espectros sin cuerpo. Su presencia me hiela, pero aprieto el puñal entre mis manos. Sé que no son adversarios que se puedan vencer fácilmente. Cada movimiento que hacen parece destruir el aire a nuestro alrededor, como si su mera existencia fuera una maldición viviente.
Lucian me lanza una mirada. Sus ojos son determinados, pero veo el miedo en sus rasgos. El mismo miedo que se oculta bajo su confianza, el miedo de no lograrlo. Pero no tiene opción. Ni él, ni yo. Hemos llegado demasiado lejos para retroceder ahora.
No hagas movimientos imprudentes, susurra, mientras eleva sus brazos para activar el ritual. La luz de sus manos se vuelve más intensa, casi cegadora.
Los Guardianes no se mueven de inmediato. Permanecen allí, inmóviles, pero sus ojos brillan con un fulgor maléfico. Uno de ellos, más imponente que los demás, avanza con un paso lento y languido, su forma de sombra retorciéndose a su alrede