Morgana
Los oscuros pasillos del castillo parecen cerrarse a nuestro alrededor con cada paso, como si la piedra misma estuviera a punto de engullirnos. El viento frío se cuela por las ventanas rotas, aullando como una advertencia, y, sin embargo, es un silencio pesado el que reina aquí. Hay algo casi irreal en esta atmósfera, como si todo este lugar no fuera más que un sueño, o una pesadilla, y que cada movimiento, cada suspiro, pudiera ser el último.
Lucian camina a mi lado, su mirada fija al