Morgana
Los oscuros pasillos del castillo parecen cerrarse a nuestro alrededor con cada paso, como si la piedra misma estuviese a punto de tragarnos. El viento frío se cuela por las ventanas rotas, aullando como una advertencia, y sin embargo, es un silencio pesado el que reina aquí. Hay algo casi irreal en esta atmósfera, como si todo este lugar no fuese más que un sueño, o una pesadilla, y que cada movimiento, cada aliento, pudiera ser el último.
Lucian camina a mi lado, su mirada fija al frente. Sé que lucha contra sus propios demonios, contra el peso del secreto que finalmente me ha revelado. Pero también sé que está conmigo, y que, incluso si el mundo a nuestro alrededor se derrumba, lo haremos juntos.
Morgana. La voz de Lucian me saca de mis pensamientos, débil, pero impregnada de urgencia. Me mira con una intensidad que me hiela. Lo que no sabes es que el cristal… no es solo un artefacto. No es solo un poder que se puede controlar. Es una entidad viva, una fuerza antigua.
Me de