Morgana
El aire es pesado, casi sofocante, mientras avanzamos, de la mano, a través del laberinto de oscuros pasillos que nos lleva más profundo al corazón de este castillo olvidado. Cada paso resuena como un eco en la oscuridad, un recordatorio constante de lo que enfrentamos. El cristal, este mal antiguo, es más que una maldición. Es una llave, una puerta abierta a fuerzas mucho más grandes y aterradoras de lo que podíamos imaginar.
No sé exactamente adónde vamos, pero hay algo decisivo en esta marcha. Es como si estuviéramos impulsados por una fuerza invisible, una fuerza que se alimenta de nuestra determinación. Pero al mismo tiempo, una voz interior me susurra que no es demasiado tarde. No aún. Quizás Lucian tiene razón. Quizás aún podemos cambiarlo todo.
Morgana, detente. La voz de Lucian, débil pero firme, me llega. Se detiene de repente, tirando suavemente de mi mano para incitarme a hacer lo mismo.
Me doy la vuelta para mirarlo, pero veo el dolor que atraviesa sus rasgos. Sus