Morgane
— Morgane, di algo, se impacienta Dorian.
Lucian no dice nada, pero su mirada brilla con una preocupación contenida.
Ezechiel, por su parte, espera. Su mano extendida hacia mí es una invitación, una promesa, una maldición.
Cierro los ojos y me sumerjo en mi interior. Las runas en mi piel palpitan, emitiendo una luz vibrante. Una fuerza milenaria despierta en mí, sacando a la luz recuerdos dispersos de un pasado olvidado.
Un campo de batalla. Sangre, gritos, almas perdidas buscando la pa