Sasha
El aire estaba saturado de tensión.
El almacén se erguía frente a mí, una silueta masiva en la noche. El lugar parecía desierto, pero sabía que era un engaño. Dante no se dejaría atrapar tan fácilmente.
Me volví hacia mis hombres. Esperaban mi señal. Lobos leales, listos para seguirme hasta el infierno. Adrian estaba a mi lado, su mirada escarlata brillando en la oscuridad.
— No cometemos errores, susurré. Dante nos espera. Sean rápidos, golpeen fuerte. No dejen escapar a nadie.
Un murmul