Adrián
Estaba a punto de sumergirme en un mar de arrepentimientos. Cada pensamiento, cada recuerdo de Sasha parecía hundirme un poco más en el abismo. La pérdida me consumía, la soledad me apretaba como un garrote. Me sorprendía esperando, como un loco, que ocurriera un milagro. Pero cuanto más lo esperaba, más me daba cuenta de que el tiempo, ese traidor, nunca regresaba sobre sus pasos.
Nyx, siempre presente, parecía leerme como un libro abierto. Ella sabía, incluso antes de que yo lo dijera,