Sabía que Daniel no tardaría en amenazarme. Observando al hombre frente a mí, con los mismos rasgos, solo un poco más desgastado, me di cuenta de que su corazón ya había cambiado. Ya no era el Daniel que conocía.
—Daniel, ya no te reconozco. ¿Siempre has sido así? No importa qué tácticas uses, no iré a ningún lado contigo, a menos que me lleves amarrada.
—Eso tampoco sería imposible —Daniel me miró con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos.
—Tu situación no es buena. Si te llevase en una silla d