Como de costumbre, la semana fue ajetreada y Rebecca apenas tuvo ocasión de descansar, pero al menos su jefe le había aliviado un poco la tarea de teclear, así que su mano fue mejorando poco a poco, apenas sentía dolor ni molestias por la quemadura.
Después de aquella noche en la que Rebecca se sinceró con su jefe, apenas podía mirarle a los ojos sin pensar en el patético papel que había desempeñado al, en cierto modo, desahogarse con él. Pero sentía que ahora estaban en paz, ella conocía su se