- ¡Tom! - Rebecca se agachó y abrió los brazos, esperando a su hijo, que vino corriendo hacia ella.
El pequeño cuerpo del niño chocando con el de su madre en un apretado abrazo lleno de cariño era simplemente la mejor sensación que existía. Rebecca rebosaba felicidad y anhelo al mismo tiempo.
- Mamá, estás preciosa. - Tom se apartó para mirar el rostro de su madre y acariciarle el pelo. - ¿Sabías que te he echado tanto de menos?
- Oh, mi amor, mamá también te ha echado de menos. - Rebecca se