La niebla de la mañana se ha asentado nuevamente, demasiado tranquila para significar paz. Serena podía sentir las miradas a su espalda como pinchazos en la piel, pero nadie se atrevía siquiera a dedicarle la palabra. Era como una fuerza sin nombre que la cubría, volviéndola invisible y, a la vez, dejándola expuesta.
Se acercó a la mesa tomando su alimento; nadie la chocó ni la tocó, más allá de un ligero asentimiento.
Es extenuante.
¿Acaso cambió una prisión por otra? Su vida como Serena nun