Ella, que no recuerda la expresión del rostro de nadie una vez que todo terminó. No recuerda tampoco cuántos copos de nieve cayeron entre cada parpadeo. Solo recuerda la sensación salada de su piel contra su paladar, mientras observa los hombros grandes de un hombre caminar hacia la salida.
Sabe bien.
Pero también de esa satisfacción nació la incomodidad.
Ese hombre que solo provoca y nunca pierde.
—Los pájaros en migración son entrenados. ¿Debería adoptar uno también? —las palabras crípticas a