Isabela no podía dejar de pensar en el mensaje anónimo que había recibido el día anterior. La sensación de vulnerabilidad que se había apoderado de ella era nueva, algo que nunca había experimentado. En su mundo, donde el control siempre había sido la clave, ahora sentía que algo se deslizaba entre sus dedos, algo que no podía entender del todo, pero que la estaba acorralando.
A pesar de su fortaleza exterior, la desconfianza la consumía. Cada rostro, cada palabra, cada gesto de sus empleados p