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— Oh, princesa no eres tú, pero yo sí lo soy — responde él con un guiño.

Se me cae la mandíbula.

— ¡Beck ! ¡Eso no es justo ! Vamos, solo una vuelta rápida. Por favorcito.

— No, lo siento, cariño, pero todavía te estás recuperando. Te lo compensaré, lo prometo — dice, besándome la frente.

Acaba de terminar de ensillar a Atlas y ha tomado la cuerda de guía de mis manos. Caminamos hacia una pista al aire libre y vemos a Ryan parado a varios metros de un enorme Percherón, visiblemente nervioso.
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