—No te muevas de ese rincón, Elena. Y no hagas ni un solo movimiento que me haga sospechar.
El hombre permanecía erguido en medio de la suite nupcial, tras haber tomado una pistola semiautomática de la mesita de noche. Con la otra mano sostenía un teléfono desechable cuya pantalla aún emitía una luz brillante. Sus ojos grises escaneaban cada ángulo de la estancia con minucia.
—¿Crees que todo esto tiene algo que ver conmigo? —Elena ignoró la constante desconfianza de Alessandro y caminó también