Clic.
La puerta que conectaba el estudio con el dormitorio principal se abrió. Elena dio un respingo, ocultando el teléfono tras los pliegues de su vestido por puro reflejo. Su corazón martilleaba contra sus costillas, presa de un terror visceral al pensar que su esposo podría haber escuchado su conversación.
En el umbral, la imponente figura de Alessandro Moretti permanecía de pie, vistiendo una camisa blanca sin corbata y con las mangas arremangadas hasta los codos. En su mano derecha sostení