La voz tenue de María, que todavía resonaba en los confines de su memoria, dejaba un escalofrío recorriendo la columna vertebral de Elena. Respiró hondo, expulsando el rastro de pánico que momentos antes le había oprimido la garganta, y reafirmó sus pasos al bajar la escalinata de piedra hacia el sótano de la mansión Moretti.
La iluminación en el pasillo subterráneo era tenue, reflejándose en las paredes de ladrillo húmedo que exhalaban un hedor a sangre rancia y polvo antiguo. Dos guardias ves