78. Si quisieras estar muerto, ya lo estarías.
El estruendo de los disparos me ensordece, pero no me detengo. El dolor en mi costado es un recordatorio punzante de que no soy invencible, pero eso no importa. Rita está aquí, y la están atacando. No lo voy a permitir.
Mis garras se hunden en el pecho del primer cazador que se cruza en mi camino. El calor de su sangre me salpica el rostro, y su grito se ahoga en un gorgoteo húmedo. Detrás de él, otro alza su arma, pero soy más rápido. Siempre soy más rápido. Me abalanzo sobre él antes de que p